Publicado en julio 20, 2018 por Anahí Thomsen

Reflexión sobre el futuro inmediato del adolescente

Hoy comparto contigo una experiencia única de reflexión y planeación de un futuro inmediato.

Tengo a mis hijas estudiando probablemente en dos de los mejores colegios de la ciudad donde vivo, me enorgullece muchísimo decirte que son dos niñas con sueños y aspiraciones, que he sido una madre muy muy dura con ellas, sin embargo, he cometido el gravísimo error de darles TODO…

Hace unos meses me invitó una ejecutiva del ITESM a quien estimo mucho, a capacitar en herramientas de equipo al grupo de jóvenes que representarían a México en el mundial de robótica de Shanghai en los primeros meses del año, ellos son alumnos del CONALEP Silao. Estos jóvenes pasaron 5 horas en las condiciones más extremas de clima, hambre, presión y sometidos a una carga de información tremenda, me encargué de llevarlos al límite de sus capacidades físicas, psicológicas y emocionales para adaptar su resistencia a la frustración y a la adversidad y ¿qué crees? ¡Ni siquiera sudaron una gota! No hubo una queja, nunca un “no”, ni un bostezo si quiera, su nivel de obediencia y su forma de expresar sus aspiraciones me tenía con el corazón engrandecido…

Estos niños me enseñaron en 5 horas que no se trataba del conocimiento, no se trataba de las oportunidades que se tuvieran, que no era cuestión de herramientas…. Estos chicos lograron en un tiempo récord lo que directivos de corporativos de repente no logran, y ¿sabes que era lo único que los impulsaba? Se le llama “actitud” y aprender a modificar el concepto del fracaso… ¡Se frustraron? ¡Claro! Pero su poder de recuperación y de adaptación es tan grande que solo importaba apoyar al equipo, tal como apoyan a su familia, se cuidaban entre ellos, así como deben cuidar de repente de sus hermanos o abuelos, tenían hambre, muchos de ellos no contaron con un desayuno ese día y ¿qué creen? Seguramente se lo pasaron a alguien que lo necesitaba más que ellos en su propia casa… Tuve oportunidad de platicar en corto con una chica del equipo y me dijo esto: “No sé si vayamos a traer una gran medalla, en mi casa faltan muchas cosas, he llorado mucho por perseguir esto, y sé que mis papás y maestros esperan mucho de nosotros, ellos no saben lo que hemos debido dejar para llegar hasta aquí, pero hoy tengo la oportunidad de aprender de cada uno de mis compañeros y compartir esta experiencia para que el año que viene lo pueda hacer otro equipo mejor que yo, creo que eso ya me hace una ganadora, no sé si vaya a tener más que eso, lo que sí sé es que hoy, no importa lo que me haya faltado, hoy he ganado porque he dado lo mejor que tengo en mi persona” …

¿Cuántas veces buscamos el número en la boleta, la medalla en el pescuezo? y el premio es algo material, algo que no trasciende, algo que cualquier colegio da para no meterse en problemas con aquellos papás que necesitan su propia medalla colgada en el cuello del hijo. ¿Cuántas veces esperamos que nuestros hijos sean personas de bien cuando les resolvemos absolutamente todo? y aparte los regañamos por no tener iniciativa…. ¿Cuántas veces les sometemos a condiciones extremas para que aprendan a resistir, a resolver? UFF, ¡nunca! les evitamos cualquier tipo de dolor bajo el escudo de amor parental…

Y de repente el mundo real llega y entonces no pueden asimilar los cambios y se deprimen, finalmente buscamos darles estabilidad. No pueden socializar en un ambiente diferente al mundo de fantasía en el que los tenemos donde todo es aparentemente “perfecto” y cuando la adversidad llega abandonan la tarea, cambian de medio ambiente y no para mejorar, lo hacen para no sufrir, total ya les dijimos “eso no es para ti”, más grandes luego se divorcian al cabo es más fácil que asumir su responsabilidad en la relación, se aíslan, se suicidan… De repente tenemos hijos más preocupados por encajar y ser aceptados por otro grupo de niños igualmente preocupados y hasta con más carencias afectivas que los nuestros pero resguardados en una coraza de falsedad y dominio sobre otros, que destruyen lo mejor de ellos en quienes lo proyectan y que etiquetan basados en sus propios juicios, de repente descubrimos niños bien aplicados en materias que probablemente nunca van a usar en su vida y tan deficientes para expresar lo que sienten, para crear relaciones humanas efectivas… ¡De repente tenemos hijos cuya pérdida más grande es que les castigues un día el celular, que una simple gripa los tienda en una cama como si estuvieran recibiendo quimioterapia los desdichados!, que el hecho de no salir un viernes se vuelve caos emocional y nos convertimos en payasos para entretenerlos para que nuestras casas tengan “armonía”… De repente tenemos hijos….

Te comparto porque como tú, yo también frecuentemente tengo miedo a ser mala madre, te comparto porque a pesar de lo que muchos piensan, considero que el verdadero cambio en un país tan lleno de riesgos y oportunidades como el nuestro no está en el gobierno, la industria o los colegios, en mi muy humilde opinión el cambio está en esa generación potencialmente evolucionada y llena de herramientas naturales que como los adultos que somos no estamos sabiendo explotar a favor de todos, lo hacemos de forma individual para satisfacer a nuestro propio ego aún sabiendo que somos seres sociales… Estoy convencida que tenemos que empezar a verlos diferente, son sabios, son capaces, no dejan de ser pubertos pero para eso nos tienen, hay tanto que aprenderles y somos solemos ser tan soberbios…

¡En fin! Dejaré esto para tu reflexión personal, yo me voy a enfocar en hacer los cambios necesarios en lo que ya es mío, en lo que yo puedo hacer, y si tu trabajas en lo tuyo seguramente alguien más lo hará y seremos muchos los que verdaderamente innovemos en la educación que tanto exigimos para mejorar así la calidad humana de este mundo tan cambiante….

 

 

 

Anahí Thomsen

Filántropa por naturaleza,  toma conciencia de los retos y obstáculos que deben superar aquellos pacientes con escasos recursos que enfrentan tratamientos oncológicos.

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